lunes 21 de octubre de 2019 - Edición Nº320

Política | 23 sep 2019

Día internacional de la seguridad del pacient

EL PEDIDO DE JUSTICIA POR NICO DEANNA FUE PUBLICADO POR CLARÍN

El diario reflejó una carta que escribió Gabriela Covelli, la madre del chico y denunciante de mala praxis.


La lucha y pedido de justicia tras la denuncia por mala praxis que realizó Gabriela Covelli por el fallecimiento de su hijo Nicolás Deanna, llegó a las páginas de Clarín, a través de una carta que envió al diario en el marco del día internacional de la seguridad del paciente.

 

LA CARTA. Vivo en Villa Gesell, provincia de Buenos Aires; por sobre todas las cosas soy mamá de Agustín y Nicolás Darío Deanna. He aprendido desde el dolor, desde aquel 2 de noviembre de 2017, fecha en que el mayor de mis hijos, Nicolás, de apenas 24 años de edad, deportista, de excelente estado de salud, falleció debido a una mala praxis.

El sábado 21 de octubre de 2017 Nico comenzó con insoportables dolores de cabeza. Fuimos a la Clínica del Bosque de Pinamar. Durante 3 días le inyectaron Diazepam, Diclofenac, también Keterolac vía oral, pero el dolor no cedía. El médico se negó a hacer estudios complementarios. Se reía de mi preocupación. El mismo día lo atendió un kinesiólogo y su diagnóstico fue “contractura en la base del cráneo”. Ya desesperados, el martes 24 a las 8 concurrimos nuevamente a la clínica y exigimos más estudios. Le realizaron por obligación una TAC y un análisis de sangre con un exudado: el mismo arrojaba el doble de glóbulos blancos que una persona sana podría tener. El médico afirmó que se habían juntado dos diagnósticos “contractura en la base del cráneo y angina”, inyectándole penicilina.

Nico presentó todos los síntomas, fiebre, dolores de cabeza intensos y vomitó a chorros en el consultorio. Y lo que el médico vio como “contractura en la base del cráneo”, era rigidez nucal. Todos síntomas claros de una meningitis bacteriana, que con un oportuno diagnóstico clínico o simple punción lumbar, hubiera permitido el tratamiento adecuado de mi hijo. ¡Y hoy estaría vivo! Sin embargo, el médico nos dio el alta. A las 16 del martes Nico volaba de fiebre, realizó un exoftalmos bilateral, el médico lo internó en la Clínica del Bosque con un suero sin medicación, y confundió este último síntoma con una alergia. Selló así la muerte segura de mi hijo con “daño cerebral irreversible y coma”.

 

 

Inmersa en los recuerdos, en las lágrimas que jamás cesan, en el profundo dolor que provoca la partida inexplicable de un ser amado hemos emprendido una lucha aportando una forma de concientizar sobre la problemática actual. Así recordé que días antes de que ello ocurriera, por causalidad o como un mal presagio, Nicolás escribió en su Facebook: “Una muerte es una tragedia, 1 millón una estadística”. Allí se preguntaba y nos preguntaba el por qué de tantas muertes ignoradas, y nos invitaba a reflexionar y dejar de culparnos y a repensar ¿qué somos como sociedad?

Recientemente, la Organización Mundial de la Salud, reveló algunos: “No debería ningún ser humano sufrir daños mientras recibe atención sanitaria. Que 2.6 millones de personas mueren en el mundo en estas circunstancias por causas que podrían evitarse. Que cada 1 minuto mueren en el mundo 5 pacientes por la atención poco segura. Que 4 de cada 10 pacientes sufren daños en la atención de los cuales el 80% podría evitarse. Y 1 millón de muertes anuales ocurren en el mundo en operaciones quirúrgicas o inmediatamente después”. Los errores más perjudiciales están relacionados con el mal diagnóstico, el diagnóstico tardío y la prescripción y uso de medicamentos. Por tal motivo, la OMS, declaró este 17 de septiembre, por primera vez, como “Día Internacional de la Seguridad del Paciente”; invitando y convocando a todas las ciudades, países y organizaciones a sumarse a esta campaña de concientización, iluminando un monumento o plaza de color naranja o conmemorando este día. Y allí me resuena la pregunta de Nico. ¿Qué somos como sociedad?

Esta fecha pasó casi inadvertida. Esa fecha que defiende el valor más preciado, “la vida y la salud” como derecho humano a proteger. Así, propuse a mi ciudad, Villa Gesell, que nos sumáramos a este evento, que tal como propone la OMS, “Alcemos la voz”, y el proyecto fue declarado de Interés Municipal, tanto por el señor intendente como por el Concejo Deliberante de la comuna. Ese día iluminamos la Plazoleta René Favaloro como faro de aquel profesional al que todos deben aspirar y en homenaje a quien acertadamente escribió días antes de su partida: “¿Por qué no a mí? En la misma plazoleta levantamos un cartel para que todos los días nos recuerde que cada uno de nosotros es responsable y podría llegar a ser ese otro. Que una muerte represente una tragedia, y que tu ser amado no forme parte de esta estadística.

 

 

En honor a Nicolás Deanna y por su lema “Si tu vida derramó tanto amor, que tu partida sirva para ayudar a otros”, con el ferviente deseo que el próximo año, el 17 de septiembre, muchas plazas y monumentos se iluminen de color naranja. Amor infinito a todas las familias de víctimas de mala praxis.

Gabriela Covelli

gabrielacovelli@gesell.com.ar / www.malapraxisweb.com

 

EL COMENTARIO DEL EDITOR

Por César Dossi

Una demanda moral que pesa más que la sentencia

La mamá de Nicolás es abogada, y lleva el caso de su hijo. Una fusión que derriba a cualquiera que se siente del otro lado, en el banquillo de los acusados. No hay escapatoria.

Pero Gabriela no está haciendo un juicio por daños y perjuicios; no le interesa la sentencia personal, aclara, sino “un cambio social para que la vida y la salud importen”. Porque no hay una condena justa para el arrebato de un hijo. No hay consuelo. En su búsqueda de esa justicia y con el dolor que le quiebran la voz y el alma, junto a otras familias que transitan ese mismo camino, organizó el “Por vos y para todos” en honor a Nicolás.

Así arrancó su peregrinación. Con marchas. Con actos de concientización. A veces con esa soledad que se le planta sin piedad. Y con barreras. Pero con ese brío extraordinario que sabe vestir a las madres. Habló con el Concejo Deliberante de Pinamar y Villa Gesell y, mediante una resolución aprobada por unanimidad, se elevó su proyecto de ley a la Legislatura  y al Congreso. Es que ella no va por el “ojo por ojo”. Desea un cambio que beneficie a la sociedad, que humanice a la medicina, que evite más muertes.

Y para poder mitigar aunque sea un poquito su pesar, Gabriela también lleva a cuestas una demanda moral, que pesa más que la sentencia: “Sería todo un símbolo de humanidad que los médicos reconocieran sus errores, y pidieran alguna vez perdón por habernos arrebatado lo más amado”.

 

Fuente: Clarín.

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